Sin saber cómo…

Estándar

brote3

JUNIO 17 DE 2018

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO    

VER

La vida es un misterio insondable, sus procesos (de crecimiento, desarrollo, madurez) son medibles y palpables, pero no dejan de ser un misterio para el hombre. Lo más asombroso es que la vida la vemos, la sentimos, la conocemos a través de los mismos seres que, a veces, se descubren sobrecogidos por ellas.

Es una realidad innegable, aunque una dimensión intangible; la vida, en sí misma, es como una semilla que se siembra, pasan las noches y los días, y sin que sepamos cómo, germina, crece y produce frutos abundantes…

JUZGAR

¿Con qué compararemos el Reino de Dios…? (Mc 4,30). Con la vida, con lo cotidiano, con el acontecer humano y su historia.

Cuando pensamos en un Dios cercano, lanzamos nuestros deseos más allá de los límites humanos, provocando que tal posibilidad se diluya en la eternidad y en la distancia infinita. Pero una palabra, inesperada, nos devuelve la esperanza perdida: el reino de Dios está cerca, es como una semilla, como un banquete, como una fiesta…, como cualquier cosa que surge de la vida diaria.

Allí está, y ha puesto su morada entre nosotros, en la comunidad de hermanos que se reúne en su nombre, en el corazón abierto de cada mujer y cada hombre que cree y espera.

El Reino, la Palabra que rompe todo paradigma, es la semilla que germina, crece y produce frutos abundantes, sin que sepamos cómo (v. 27).

Atravesamos por las noches oscuras y profundas, envueltos por los misterios de la vida, anhelando la luz que ilumine nuestra fe y mitigue nuestras dudas. Aún aquí, en los momentos aciagos de la historia, la Palabra crece, echa raíces y fortalece, sin saber cómo, sin poder mirar:

En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía (S, Juan de la Cruz, Noche oscura, 3).

Durante los días, invadidos por la luz que resplandece y fluye en todo, caminamos en la senda de la vida animados por una voz, un ideal, una esperanza. Tus palabras divinas se entrelazan con las humanas y de ellas emerge la verdad, junto a la mentira; el aprecio con el odio, la certeza, a la par de la duda. Y así, en medio del devenir y el porvenir, encarnada en las vicisitudes humanas, germina tu Palabra, sin saberlo cómo, hasta dar frutos y recogerlos:

Aquésta me guiaba más cierto que la luz del mediodía, adonde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía (S, Juan de la Cruz, Noche oscura, 4).

El Reino en el corazón del hombre es como la semilla más pequeña que, una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra (vv. 31-32).

ACTUAR

Una clave de acción nos la ofrece el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Gaudate et exsultate (25):

Como no puedes entender a Cristo sin el reino que él vino a traer, tu propia misión es inseparable de la construcción de ese reino: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia» (Mt 6,33). Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos. Cristo mismo quiere vivirlo contigo, en todos los esfuerzos o renuncias que implique, y también en las alegrías y en la fecundidad que te ofrezca. Por lo tanto, no te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

Anuncios

Acudió tanta gente…

Estándar

JUNIO 10 DE 2018

DOMINGO X DEL TIEMPO ORDINARIO

VER

Nuestras sociedades y la opinión pública, a través de las redes y los medios al alcance, posee y ejerce la posibilidad de expresar una palabra respecto de sus líderes y de sus guías. En ocasiones emite juicios duros y radicales que se convierten en una toma de postura.

Lo que una persona diga o haga, sobre todo en plaza pública, será sometido al filtro enjuiciador de las audiencias, de los testigos ordinarios, o de ocasión, e incluso de los transeúntes. Pero esos “juicios” son un hito, un síntoma que tiene su origen en un malestar generalizado, una actitud normal, común y ordinaria: la inconformidad.

No importando lo que un líder diga, siempre habrá un detractor que lo condene, o un apologeta que lo salve de cualquier condena.

Los juicios condenatorios fluyen en palabras que hieren, lastiman, denigran, insultan, desprecian: ¡es un impostor!,  ¡mentiroso!, es un desadaptado, está loco…

JUZGAR

En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco (vv. 20-21).

Las multitudes provocan curiosidad e inquietud, y atraen a más gente, las preguntas que busca saber por qué, afloran del miedo y la envidia. Pero cuando no hay respuestas convincentes, o que convengan a las razones de los oponentes, se construyen elucubraciones para desacreditar al líder que está en medio del pueblo: Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera (v. 22).

En tiempos de Jesús era impensable e inadmisible que tanta gente se reuniera en un lugar distinto a la Sinagoga, y mucho menos que llegaran allí buscando escuchar al joven rabí. La fascinación de la gente se mezclaba con el desacato de las tradiciones, motivada por la novedad de un maestro, un líder, que, siendo del pueblo, estaba con y para el pueblo, haciendo siempre por él lo que no estaba permitido por la ley; no sólo curar en sábado, o resucitar muertos, sino además, convocar multitudes en una casa e interrumpir la comida.

Los fariseos y las autoridades veían y juzgaban a un loco, poseído por el demonio; para acusarlo, era necesario tacharlo de algo indignante, y hacerlo ver como un depravado: tiene pacto con el demonio. Sus argumentos eran tan absurdos como insostenibles: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos, no puede subsistir… (vv. 23-24).

Las razones de Jesús se sustentan en su propio mesianismo, él ha sido ungido con el Espíritu de Yahvé y nadie puede argumentar en su contra, ni mucho menos difamarlo. Así, una acusación absurda se viene abajo con la contundencia de la verdad: Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno (vv. 28-29).

Del Espíritu surge la vida, y con ella la novedad, la creatividad, la apertura a lo distinto, en cambio, la ley y la letra, como bien decía Pablo (2Cor 3,6), matan toda posibilidad de libertad.

En eta línea podemos comprender la otra reacción de Jesús ante la insistencia de su familia: llegan, se quedan fuera y lo mandan llamar…. Lo andaban buscando (v. 21) para llevárselo y acabar con esa locura; toman distancia de la multitud, y del mismo Jesús, y por eso se quedarse fuera; lo intimidan, ejerciendo la autoridad que les compete, avalada por la tradición, ejecutada por emisarios: lo mandaron llamar (v. 31).

La iniciativa de «formar» un nuevo pueblo de Dios recibe reacciones distintas. La multitud que sigue a Jesús la apoya, pero un grupo más pequeño y cercano, que incluye sus familiares, la rechaza (Luis A. Schökel, La Biblia de Nuestro Pueblo).

A pesar del desprecio y la difamación, Jesús se mantiene y su decisión marca un rumbo distinto para el pueblo y para la comprensión del Reino:

…mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre (vv. 34-35).

ACTUAR

El Papa Francisco, en Evangeli Gaudium, ha insistido en que debemos ser una Iglesia en salida, dejando la propia comodidad y atreverse a llegar a las periferias que necesitan la luz del Evangelio (20).

Salir, pero no quedarse fuera; llegar a las periferias, no tomar distancia de ellas; dejar la propia comodidad, evitando mandar llamar para que otros vengan a hacer nuestra voluntad, sabiendo que el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre…

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

Salvar la vida, o dejar morir…

Estándar

manoseca3

JUNIO 3 DE 2018

DOMINGO IX DEL TIEMPO ORDINARIO

VER

Se atenderá, únicamente, en horarios de oficina… Nuestro horario de atención es de 10.00 a 13.00 hrs., de lunes a viernes… No hay atención sábados, domingos y días festivos…

Estas frases, y muchas otras, acompañadas de un insensible “lo sentimos”, son la realidad a las que mucha gente se enfrenta cuando tiene urgencias reales, o necesidades apremiantes que están más allá de lo predecible. ¡Cuánto desearíamos poder organizar nuestra vida de tal manera que las cosas urgentes pudieran suceder programada y previsiblemente! Pero no es posible…

Este panorama también se extiende a otros ámbitos: el político, el social y el institucional. Allí vemos cómo la solución de problemas graves y urgentes, la toma de decisiones determinantes, o la aprobación de proyectos, recursos o acciones específicas, se posponen, a veces indefinidamente, porque las sesiones del pleno se cierran, porque la agenda legislativa de la asamblea está fuera de tiempo, porque la autoridad competente no ha dado luz verde para proceder, porque los recursos no se han liberado, porque estamos en tiempos electorales y las prioridades son otras…

De esta manera las ayudas, la atención y las soluciones quedan suspendidas dado que no hay tiempo para ello, o las circunstancias no lo permiten… Pero entonces, ¿qué está permitido?…

JUZGAR

Los fariseos, un grupo religioso y culto, con gran poder e influencia entre los judíos, se caracterizaba por su actitud rigurosa ante las tradiciones y la observancia literal de la ley; para ellos, el cumplimiento no podía ir más allá de lo escrito, debía cumplirse como estaba establecido.

Marcos nos habla de dos acontecimientos relacionados con la observancia de la ley, particularmente con el sábado, en los que aparece el juicio inquisitorio del grupo de los fariseos. En el primero, los discípulos de Jesús arrancanespigas de trigo, para hacer pan y mitigar su hambre; en el segundo, Jesús, en la sinagoga, curaa un hombre que tenía la mano tullida. ¿Cuál es el problema?: arrancary curarson dos acciones que implican una actividad relacionada con el trabajo, que la ley prohíbe realizar en sábado. Por eso, el grupo de los fariseos remarca que nada de eso está permitido.

La mirada de Jesús es distinta, y su postura también, su punto referencia es la vida, no la ley; para él, lo primero es la persona y su realidad, no la tradición y todo lo que implica. La Buena Nueva no se detiene en el cumplimiento llano de la ley, pues quedarían suspendidos todos los procesos de transformación y liberación, el hombre pasaría a segundo plano y el Reino de Dios quedaría supeditado a eso.

El texto del evangelio nos presenta a Jesús confrontándose con la ley y la mentalidad farisaica. Toma postura ante las prohibiciones y, sin decir lo que está permitido, abre una pregunta dirigida a la conciencia del pueblo y a cuestionar su indiferencia: ¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? (Mc 3,4).

Su condición de Mesías le permite hacer una adecuación pertinente a la ley, reorientando el sentido y la función de toda la legislación según el contexto de las necesidades humanas y la centralidad de la persona: El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado (Mc 2,27-28).

La pregunta más provocadora, con la que desequilibra e intimida a sus oponentes, se convierte hoy en un llamado, fuerte y radical, a la sociedad y a las instituciones: ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir? (v. 4).

El silencio de los fariseos es una estrategia defensiva para no ceder ante la contundencia de los hechos; quedarse callado es un modo sutil de mantenerse en la indiferencia. Jesús reacciona provocado y conmovido por tal actitud, y pasa a la acción:

Mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedó sana (v. 5).

Dejar morir, ¿es una opción? ¡Para el evangelio no!, ni para cualquiera que se diga seguidor del Señor. Lo único posible (aclarando que no es opcional), es salvar la vida.

ACTUAR

¿Qué significa, entonces, santificar el día sábado? (Da 5,12). Dos cosas:

  • La primera: no olvidar que es un día dedicado a la relación especial con Dios, a través de la oración y las celebraciones.
  • La segunda: que si es un día dedicado al Señor, y el hermano se convierte en la presencia viva de ese Dios, atenderlo en sus necesidades es el modo más contundente de santificar el sábado.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

 

Padre, Hijo, Espíritu…

Estándar

depositphotos_70167743-stock-illustration-holy-trinity-drawingMAYO 27/2018

LA SANTISIMA TRINIDAD

VER

Profesamos nuestra fe en Dios, somos enfáticos cuando decimos “creo”, pero… qué sabemos de él, qué tanto lo conocemos en realidad. Lo nombramos por su “categoría divina” (dios), no por su nombre; lo invocamos cuando algo nos apremia, o nos falta, aunque casi nunca para agradecer su presencia y su cercanía.

¿Quién es, o qué es, Dios para nosotros? ¿Comprendemos su condición trinitaria, nos son familiares los rostros de Padre, Hijo y Espíritu con los que se revela?

Lo invocamos, le rezamos, le imploramos; lo negamos, lo despreciamos, lo hacemos menos e, incluso, lo declaramos muerto… Es lo “primero” en nuestra vida, pero también lo último.

No obstante, apelando a nuestra condición de bautizados, vale la pena recordar lo que dice Pablo en su carta a los Romanos (8,15):

No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios.

JUZGAR

El Credo representa nuestra profesión de fe en el Dios trino y uno, es una oración trinitaria que resalta, a través de una estructura teológica y didáctica, a cada una de las personas: el Padre creador, el Hijo redentory el Espíritu de vida.

¿Cómo releer estas figuras desde la vida diaria?

  • El Padre: lo descubrimos como una experiencia que fluye a través de nuestras vivencias maternales y paternales, porque en ellas descansan la seguridad, la certeza y el fundamento de la vida. Presencia y cercanía que nunca abandona, palabra de aliento, voz que convoca. Manos firmes que guían, acarician y curan, en ellas siempre hay un pan que se comparte, fruto del trabajo, del desvelo, del cansancio. El Padre protege, defiende, acoge…, siempre por los hijos.
  • El Hijo: a este hijo, que es un verbo, se le experimenta en las acciones: amar, perdonar, liberar, luchar por la justicia. No es sólo la revelaciónque transparenta los secretos más profundos del Padre, es, además, la rebeldíaque va en contra de todo aquello que ata al hombre. Se le encuentra lavando pies, curando heridas, escuchando el grito de los angustiados; es un joven dando las respuestas más insólitas y formulando preguntas provocadoras; está en los caminos, sentado junto a los despreciados y olvidados; lo vemos prolongando el tiempo de la fiesta, o mitigando el dolor de la muerte, en la lucha por la libertad y alzando la voz en contra de los opresores.

Es el amigo presente en los momentos aciagos, el que siempre desea la paz, que agradece, bendice, comparte, sonríe y se hace como niño.

  • El Espíritu: indescifrable e indescriptible con palabras humanas. Es la fuerza que subyace cuando parece que todo está perdido, se reviste de carne en la solidaridad, en el voluntariado, en las marchas por los ideales y en las protestas masivas contra de la violencia. Está presente en la oración más profunda, en la contemplación, en la canción más bella, en el beso que expresa el amor más puro e intenso. Penetra el corazón del hombre, lo unge, y aflora en palabras claras, pensamientos dingos y rectos, en decisiones firmes y en la verdad que libera. Cuando hay justicia, paz y bondad en todo lo que hacemos, allí está el Espíritu.

ACTUAR

Que el Dios que es Padre, Hijo y Espíritu habite en cada uno de nosotros y haga de nuestra vida una dinámica creadora, liberadora y transformadora.

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

Vida en el Espíritu…

Estándar

5929975047928987

MAYO 20 DE 2018

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

VER

¿Qué es lo que realmente anima al hombre para alcanzar sus ideales? ¿Qué le permite llegar a la plenitud de vida y a la madurez? El espíritu humano es un misterio y una fuente inagotable de riquezas. Pero, ¿acaso de ese mismo espíritu brotan la maldad, la injusticia, la violencia contra el hermano, el odio, el terror? Parece contradictorio, pero así es.

No es que haya un espíritu humano bueno y otro malo, es más bien el modo cómo el hombre lo asume y lo orienta, la manera de llevarlo a la práctica y los medios que utiliza para ello. Aquí, la voluntad juega un papel decisivo, pues de lo que el hombre quiere (volere), animado por sus deseos, se manifestará en la acción de ese espíritu interior que da sentido a todo lo que hace, lo que dice y lo que piensa.

Y más allá del espíritu humano, “aletean” otros espíritus (si así les podemos llamar), que inspiran los actos del hombre, lo guían a tomar decisiones y lo empoderan sobre un trono de convicciones radicales, incuestionables e insoslayables; dado que provienen de “un espíritu”, cobran tal relevancia y protagonismo que no se les puede despreciar o pasar por alto…

Pero, si no son para el bien común…, ¿de qué espíritu estamos hablando?

JUZGAR

De lo único que no se puede liberar el hombre es de su propia libertad; con ella ejerce sus derechos y pone en acto su voluntad, de la que brotan las decisiones definitivas y las implicaciones que eso tiene en el ámbito de lo común. Todo depende de qué lo anime en su interior.

Pablo ve la realidad de los Gálatas, como si hubiese visto la nuestra, atrapada en el caos que engendra el egoísmo. Intuye que esos hombres asumen la vida animados por un mal espíritu, que sólo produce frutos de maldad:

la lujuria, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la brujería, las enemistades, los pleitos, las rivalidades, la ira, las rencillas, las divisiones, las discordias, las envidias, las borracheras, las orgías y otras cosas semejantes (Gal 5,19-21).

Todo podría ser “normal” si no existiera un precedente, un acontecimiento que ha transformado de raíz la vida de todo hombre: Pentecostés. Pablo analiza la realidad, no sólo a partir de los criterios del evangelio, sino, además, desde la mirada contemplativa de quien ha sido tocado con el fuego del Espíritu. Ya nadie puede vivir conformando su vida desde los criterios mundanos, y por eso exhorta, enfático, a vivir de acuerdo a las exigencias del Espíritu (v. 16).

Los dones del Espíritu y sus carismas no restringen al hombre al cumplimiento de prerrogativas divinas, están en función de fortalecer su voluntad y llevar a plenitud su libertad, en una dinámica donde trabajar por el bien común se convierte en garantía de esa libertad. Por eso, los frutos del Espíritu Santo son: el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo (vv. 22-23).

El Espíritu capacita al creyente para dar testimonio, para anunciar la Buena Nueva a los hombres de buena voluntad y para servir; para descubrir la verdad y darla a conocer, para luchar por la justicia y la liberación de todos los pueblos… Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu ((v. 25).

ACTUAR

Ninguna ley existe que vaya en contra de estas cosas. Y los que son de Jesucristo ya han crucificado su egoísmo, junto con sus pasiones y malos deseos (Gal 5,23-24).

El Espíritu, recibido en el Bautismo, al igual que en Pentecostés, confirma nuestra vocación a la santidad; la respuesta a ese llamado se hace factible por medio de su acción santificadora. Al respecto, el Papa Francisco en su reciente Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, nos dice:

Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Gal 5,22-23). Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: “Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor…” (15).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

 

Vayan por el mundo…

Estándar

1

MAYO 13/2018

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

VER

Hay ausencias que dejan vacíos y ataduras de dependencia, provocando angustias e insatisfacciones en quien las sufre. Pero hay otras que forjan destinos, abriendo horizontes y convirtiéndose en oportunidades de libertad y crecimiento para quien las vive como herencia y como camino.

Tengo un sueño…, dijo un día Martin Luther King. En la fuerza de esa expresión simbólica dejó correr todo su pensamiento y los más altos ideales para la humanidad, a tal grado, que hoy sigue siendo el sueño de muchos en el mundo, y no sólo “el sueño”, sino el ideal que se concreta en hechos fehacientes de libertad, de igualdad y de lucha por la justicia. Aun cuando su vida haya sido interrumpida de manera violenta y arbitraria, su arduo trabajo frente a las adversidades es todavía la motivación que mantiene viva la ilusión y la esperanza por un mundo mejor…

JUZGAR

Vayan por el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura… (Mc 16,15).

Si pudiéramos hablar de “un sueño de Dios”, tendríamos que reconocerlo en el deseo de que a todo hombre llegue la Buena Nueva y la liberación que trae consigo. Dios quiere que todos se salven.

La ascensión del Señor ofrece una presencia distinta, que no es precisamente una experiencia de abandono. Él dijo que siempre estaría con nosotros, y lo ha cumplido. Ahora, los discípulos, siguiendo el camino trazado por su maestro, asumirán el destino que les ha forjado, y que ellos han aceptado voluntariamente. Ante un horizonte de dimensiones infinitas, como infinita es la humanidad a la que deben dirigirse, serán ellos los portadores de un sueño que acoge generoso a toda creatura.

El primer paso de este sueño fue dado por el Maestro: sus enseñanzas y lo que quiso revelar a los suyos, ha marcado la pauta en el camino y los criterios para caminar; el segundo paso es incomprensible y tal vez doloroso, pero determinante: la partida del Señor, la ascensión propiamente dicha, rompe las ataduras y las dependencias, para que la predicación del evangelio surja de la voluntad, de la fe madura y de las convicciones; hay que dejar de ser sus compañeros de camino para comenzar a ser protagonistas de la historia. Por último, el tercer paso marca el inicio de algo nuevo y el cumplimiento de una promesa:

No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días serán bautizados con el Espíritu Santo (Hch 1,4-5).

Los discípulos no acaban de entender lo que está sucediendo, perplejos, miraban cómo su Señor se alejaba y una nube lo ocultaba ante sus ojos (v. 9). Tal vez, aquí comenzaban a tener sentido aquellas palabras pronunciadas durante la cena de Pascua: Les conviene que yo me vaya. Si no me voy, no vendrá a ustedes el Defensor, pero si me voy, lo enviaré a ustedes (Jn 16,7).

Llegaba el momento de dejar a un lado los criterios humanos, que sólo dan cabida al interés y la seguridad (a las dependencias), y permitir que la vida tenga otras motivaciones y otros horizontes:

A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra (Hch 1,7-8).

El Espíritu está por venir de manera definitiva, su presencia y su acción harán de los discípulos hombres nuevos, transformados radicalmente por haber creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos (Mc 16,17-18).

La ascensión, desde la perspectiva de Pablo, es fuente de gracias, de crecimiento y madurez para el hombre:

Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado… Él fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo (Ef 4,7.11-13).

ACTUAR

Una vez más dejémonos cuestionar, que la voz de la humanidad nos interpele: ¿Qué hacen allí parados, mirando al cielo? (Hch 1,11).

La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas.

La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión « esencialmente se configura como comunión misionera ».20 Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie (EG 22-23).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

 

Debes amar…

Estándar

estar_solo_no_es_casualidad-6712

MAYO 6 DE 2018

DOMINGO VI DE PASCUA

VER

El domingo anterior nos preguntamos qué leyes rigen nuestra vida, hoy debemos preguntarnos ¿qué prejuicios nos separan? ¿Qué nos pone en contra de los demás? ¿Qué nos mantiene alejados de ellos? ¿Qué experiencias negativas rompen con otras experiencias, tan ricas y plenas como la fraternidad, el respeto mutuo, la amistad?

Más allá de las fronteras naturales o convencionales, marcadas y establecidas entre naciones y pueblos, existen otras fronteras, invisible y sutiles, pero profundas e infranqueables; terriblemente excluyentes e inhumanas. Nos referimos a las fronteras ideológicas, sociales, religiosas, culturales, relacionales y, incluso, individuales, tras de las cuales nos situamos para defendernos de posibles enemigos y salvaguardar el statu quo que justifica el egoísmo y la autosuficiencia.

No se trata de que el otro, el extraño, el extranjero, se rinda a nuestros pies, lo que sería normal en mundo que se comporta así, sino tomarlo de las manos y levantarlo, como gesto de rebeldía ante los atavismos y las estructuras de segregación y odio.

JUZGAR

Ponte de pie, que soy un hombre como tú… Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere (Hch, 10,26.34-35).

La actitud y la determinación de Cornelio provocan la reacción de Pedro, quien no hace más que confirmar que el seguimiento de Jesús nos pone en situación de igualdad y que del evangelio afloran incontenibles gestos de fraternidad. La fe, deja de ser una cuestión de privilegios y comienza a hundir sus raíces en la tierra fértil de la libertad humana.

Nos encontramos ante una escena matizada por la Pascua, impregnada de la vida que brota de la resurrección y animada por el Espíritu que sigue atizando con su fuego los corazones de la gente. Como un nuevo pentecostés (v. 44), reaparece aquella fuerza transformadora que penetra lo más íntimo del hombre y lo hace hablar, cantar, proclamar:

Al oírlos hablar en lenguas desconocidas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes judíos que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos (vv. 45-46).

Los criterios del hombre, así como sus leyes, han establecido fronteras invisibles, pero reales, que nos dividen y nos separan; que alimentan de prejuicios nuestros pensamientos y nuestros actos. Negando los derechos del otro, nos convertimos en los usurpadores que se toman el derecho de administrar arbitrariamente lo que el Padre nos ha dado a todos en común.

La conclusión a la que llega Pedro nace de una experiencia que lo confronta: ¿Quién puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros? (v. 47). Y el apóstol Juan advierte: el que no ama, no conoce a Dios… (v. 8). Las enseñanzas de ambos se sustentan en un mismo principio y fundamento: el amor.

Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros (Jn 15,17).

No hay más qué hacer. Del amor como norma de vida se deriva toda una transformación de la persona y una profunda transfiguración del rostro social. Sólo el amor basta…

Hay mil modos de decirlo, Silvio Rodríguez, lo dice así:

Sólo el amor engendra la maravilla, sólo el amor consigue encender lo muerto. Sólo el amor  alumbra lo que perdura,  sólo el amor convierte en milagro el barro. 

Quien teme al Señor y practica su justicia, es aquél que ha comprendido que cumpliendo los mandatos, es decir, ajustando la vida al amor, es y permanece de un modo distinto:

Les he dicho esto para que mi alegría esté con ustedes y su alegría sea plena. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre (Jn 15, 10.14-15).

ACTUAR

Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque que amor viene de Dios; y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor.

Debes amar la arcilla que va en tus manos

Debes amar su arena hasta la locura

(S. Rodríguez)

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.