“No pierdan la paz…”

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1247600073700_fMAYO 14 DE 2017

QUINTO DOMINGO DE PASCUA

Hoy, la Liturgia de la Palabra inserta en el contexto pascual, insistirá en la centralidad mesiánica de Jesucristo resucitado, de quien nos presentará tres imágenes peculiares: Jesús como referente, como piedra angular y como camino. Los texto que escucharemos son los siguientes: Hch 6,1-7;  Sal 32; 1Pe 2,4-9 y Jn 14,1-12.

VER

Mayo 2017…, casi llegamos a la mitad del año: incertidumbre en Venezuela, incertidumbre en Siria, incertidumbre en los mercados internacionales, incertidumbre en los sistemas de seguridad en México, incertidumbre en la aplicación de justicia, incertidumbre para la población latina en USA, incertidumbre por la paz en el mundo…

¿Qué camino tomar para alcanzar lo que buscamos? ¿Cuáles decisiones serán las mejores? ¿Quiénes podrán guiarnos con certidumbre y claridad?

  • Cuando andamos desorientados y no sabemos cómo llegar a un lugar, o hemos perdido la ruta; cuando estamos totalmente perdidos y nos sentimos angustiados, espantados, impacientes…, entonces, buscamos un punto de referencia, algo, o alguien, que nos oriente, nos guíe, nos lleve por buen camino…
  • Ante las situaciones adversas buscamos luz, buscamos respuestas, buscamos la verdad.
  • Esto sucede muy a menudo, y así le sucedió a la primera comunidad de cristianos que, entre más crecía, más confusión había entre ellos: o se dedicaban a la predicación o a la administración de bienes.
  • En momentos así, resuenan las palabras de Jesús a sus discípulos: No pierdan la paz (Jn 14,1).

JUZGAR

Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6).

Jesús es el camino y la piedra angular (1Pe 2,6 y 7) que sostiene el edificio y da sentido a la construcción; piedra rechazada por los confundidos constructores que se negaron a creer.

Jesús pone a prueba nuestra fe, pero también la confianza en él y en su mensaje. La claridad de su mirada y la bondad de su corazón le permiten ver y percibir la intranquilidad y la incertidumbre por las que estaban pasando sus discípulos. Lo primero que les dice, y se los diré en otras ocasiones, es:

No pierdan la paz… (Jn 14,1).

¿Cómo es que perdemos la paz, o por qué? Una de las experiencias más frustrantes en la vida de la gente, en las sociedades modernas, es la de sentirse constantemente alterados. Hay múltiples factores que provocan tal situación: el ruido, la aglomeración, la sobrepoblación, la contaminación; pero también el desempleo, la inseguridad, la violencia, el estrés, la incertidumbre… “Alter” significa “otro”. Cuando dejamos que nuestra vida sea ocupada, invadida o suplantada por “otro” (persona, situación, objeto, adversidad), nos encontraremos en un estado de alteración tal (dejar de ser yo mismo), que nos quitará la paz y la certeza indispensables para la felicidad, la libertad y la plenitud de la persona. No obstante, siempre habrá fuera de nos-otros, otros referentes, particularmente personas, que den sentido y orientación a nuestra existencia, por ejemplo: la persona de por la cual vivimos enamorados, los hijos que engendramos (vaya que alteran nuestras vidas…), los amigos, los padres; también los ideales, la carrera que hemos elegido, las cosas que nos apasionan, las creencias y las convicciones. El mismo Dios y el mensaje de la Buena Nueva. Perdemos la paz porque no creemos, porque no hay nada ni nadie en quien creer…

Si creen en Dios, crean también en mí (Jn 14,1): los que creen, los que han encontrado el camino, serán elegidos para trabajar por el reino, como Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas o Nicolás; como Pedro o cualquiera de los doce. Son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad (1Pe 2,9).

ACTUAR

  • Cuántos hombres desesperados nos gritan, como Felipe a Jesús: ¡Muéstranos al Padre!

No perdamos la paz, cada una y cada uno de nosotros, al ser bautizado y al imponérsenos las manos, nos convertimos en mujeres y hombres llenos de fe y del Espíritu Santo (Hch 6,5), capacitados para hacer llegar la Palabra de Dios a todo hombre y dar a conocer a Dios.

¿Cuál es la recompensa?: En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; ahora voy a prepararles un lugar…, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes (Jn 14,2-3).

Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6)

Ante los desafíos que nos plantea esta nueva época en la que estamos inmersos, renovamos nuestra fe, proclamamos con alegría a todos los hombres y mujeres de nuestro Continente: Somos amados y redimidos en Jesús, Hijo de Dios, el Resucitado vivo en medio de nosotros; por Él podemos ser libres del pecado de toda esclavitud y vivir en justicia y fraternidad. ¡Jesús es el camino que nos permite descubrir la verdad y logra la plena realización de nuestra vida! (Extracto del Mensaje de la V Conferencia General a los pueblos de América Latina y El Caribe, Aparecida/CELAM).

  • Jesús es el camino, ¿haces camino con él?

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

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