CERCANÍA: Amor, gracia y comunión…

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JUNIO 11 DE 2017

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

La liturgia del Tiempo Ordinario comienza, siempre, con una gran fiesta inmediata a Pentecostés: la solemnidad en torno al misterio trinitario. El testimonio de los creyentes, que han sido ungidos con el Espíritu, no se centra únicamente en la resurrección del Señor, sino que se convierte en profesión de fe en el Dios único y verdadero que es Padre, Hijo y Espíritu.

Los textos de la Escritura destinado a esta celebración son: Ex 34,4-6.8-9;  como Salmo Dn 3; 2Cor 13,11-13 y Jn 3,16-18.

VER

Creer en Dios es ya, de por sí, difícil, y creer, o al menos tratar de comprender, que ese Dios es trinidad (uno en tres…), es aún más complicado, prácticamente imposible. No obstante, decimos sin dudarlo (tal vez sin pensarlo): creo en Dios…

Todo aquello que se cataloga como misterio pasa a formar parte de lo que es lejano, oculto, ajeno a la vida, extraño, sin sentido… Así, el pensamiento cristiano a partir del siglo IV, animado por la filosofía que, desde antiguo, buscaba incansable el arché, el origen último de todas las cosas, lo encontró en el Dios creador revelado por las Escrituras. Desde entonces, el Dios de nuestros padres fue entendido como misterio (lejano, oculto, ajeno a la vida, sin sentido para el común de la gente…) y definido, posteriormente, como dogma. El Misterio Trinitario es uno de los dogmas fundamentales de la doctrina cristiana.

Nuestra profesión de fe plasmada en el Credo (tanto el Credo de los Apóstoles como el Credo Niceno) es un recorrido doctrinal basado en la fórmula trinitaria tradicional: un solo Dios, Padre y creador, Jesucristo, el Hijo único concebido por el Espíritu Santo, quien, a su vez,  procede del Padre y del Hijo.

Allí, en el creo que rezamos de manera, casi mecánica, todos los domingos, se diluyen tres elementos fundamentales que nos ayudarían a tener una imagen más sencilla del Dios trinidad:

  • Es un Padre
  • Es un hermano (Jesucristo).
  • Es presencia (Espíritu Santo).

JUZGAR

La Teología, como intento por interpretar la Voluntad de Dios y como reflexión, no es más que una proyección de las intenciones del hombre respecto de lo que cree y espera de su Dios, puede haber tantas teología como líneas de pensamiento humano, e imágenes de Dios en sintonía con las imágenes que el hombre tiene de sí mismo. Mucho me temo que en ningún caso se ve reflejada la intención (voluntad) de Dios.

La teología se pudo haber convertido en el fruto prohibido del paraíso que, una vez probado, empodera el intelecto del hombre por encima del bien y del mal, de la verdad sobre Dios y de la revelación misma. A menos que haya iniciado su quehacer no a partir de la reflexión racional y de la búsqueda del saber por el saber, sino de la contemplación y de la oración; no empeñándose en explicar a Dios, sino en descubrirlo encontrándose con Él, dejándose seducir y experimentar su presencia amorosa y paternal.

La Trinidad no es la Divina Providencia, es la revelación de un Dios asombroso que viene al encuentro del hombre, para quien implica un acto de fe profunda. Tal dimensión de la fe sólo es posible cuando ese hombre, conociendo a Dios, se enamora de Él y lo va comprendiendo, poco a poco, a través de su Palabra (la de Dios), de su misericordia y de su gracia, en momentos de oración, o tratos de amistad, con quien sabemos nos ama (Cf. Sta. Teresa de Jesús).

Así nos lo hacen ver los textos de la liturgia, cada uno con un aspecto distinto, pero complementarios entre sí, del mismo Dios:

  • En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí… El Señor descendió en una nube y se le hizo presente. Moisés pronunció entonces el nombre del Señor, y el Señor, pasando delante de él, proclamó: “Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel” (Ex 34,4-6).
  • Hermanos: Estén alegres, trabajen por su perfección, anímense mutuamente, vivan en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes… La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes (2Cor 13, 11.13).
  • Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él (Jn 3,16-17).

Los tres textos nos hablan de algo que es propio del Dios de nuestra fe: su cercanía. Él baja, se hace presente como el Dios clemente y misericordioso, el Dios del amor y de la paz, que siempre está con nosotros; es un Dios que se entrega para dar vida.

¿Acaso nos encontramos con un misterio inexpugnable, o con la definición de un dogma? Nos encontramos, en cambio, con un Dios que ama tanto al mundo…

VER

A ese Dios trinidad, ¿cómo podríamos entenderlo desde la vida? Pongamos unos ejemplos:

  • Una mujer, sin dejar de ser ella misma, puede ser al mismo tiempo hija, madre y esposa. Siendo una misma persona, tiene la posibilidad de vivir la filiación, la maternidad y la entrega a una pareja a través del matrimonio.
  • En la flama de una vela hay tres elementos: fuego, calor y luz; cada uno con funciones distintas pero emanan de una misma fuente. El fuego que abraza y transforma, el calor que modifica el ambiente y la luz que ilumina.

 Así, podremos comprender de mejor manera el misterio de la Trinidad:

  • El Padre: es el aspecto creador (maternal) de Dios, bondadoso y unificador.
  • El Hijo: es el aspecto solidario de Dios, su condescendencia con el hombre (encarnación), su voz y su mensaje transmitido en lenguaje humano.
  • El Espíritu: representa la generosidad de Dios, su abundancia y su apertura para compartir lo suyo con los hombres.

Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel (Ex 34,6).

  • Si fuera posible, ¿cómo definiríamos al Dios trino?: Dios es amor (1Jn 4,8).

Es el amor el signo concreto que manifiesta la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es el amor el distintivo del cristiano, como nos dijo Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 35)… Todos estamos llamados a testimoniar y anunciar el mensaje de que «Dios es amor», de que Dios no está lejos o es insensible a nuestras vicisitudes humanas. Está cerca, está siempre a nuestro lado, camina con nosotros para compartir nuestras alegrías y nuestros dolores, nuestras esperanzas y nuestras fatigas (Papa Francisco).

Mario A. Hernández Durán, Teólogo.

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